Con esta guía podrá proteger la identidad y reputación online de su empresa.
La identidad digital corporativa sirve a las empresas para diferenciarse en internet, y debe estar basada en una estrategia de comunicación sólida dirigida a alcanzar una posición a través de su página web, las redes sociales y todo tipo de comunicaciones con clientes y proveedores.
Por otra parte, la reputación online corporativa mide la valoración que hace el público de una empresa a través del buen o mal uso, de las posibilidades que ofrece internet. Por ello, para la empresa es ahora también necesario monitorizar las redes para observar el impacto de las comunicaciones y corregir las posibles desviaciones o conflictos.
Esta guía de «Ciberseguridad en la identidad digital y la reputación online: una guía de aproximación para el empresario» analiza los riesgos de Ciberseguridad tanto para la identidad digital corporativa como para la reputación online, como por ejemplo: la suplantación de identidad, la fuga de información o las publicaciones difamatorias. También se revisa el marco legal y distintas recomendaciones preventivas y reactivas para hacer frente a los posibles ataques.
Documentos asociados:
Ciberseguridad en la identidad digital y la reputación online. Una guía de aproximación para el empresario
Nota de DavidHellin: La noticia es original de INCIBE
¿La planificación de las tutorías de este curso incluye trabajar los problemas en Internet? ¿No sabemos por dónde empezar? ¿Queremos hacer una sesión diferente? Os damos algunos consejos prácticos sobre cómo abordar estas temáticas y conseguir llamar la atención de nuestros alumnos y alumnas.
«Los chavales ya lo saben todo». Esa es la respuesta habitual cuando planteamos la idea de tratar temas como ciberbullying, sexting, grooming o cualquier otro riesgo de Internet. Pero no, no lo saben todo, aunque muchas veces sí están saturados de recibir la misma información teórica sobre qué hay en Internet y qué deben hacer para prevenir determinados riesgos. Por supuesto, es necesario que reciban esa información, pero para que ésta sea efectiva y cale en los alumnos debe complementarse con actividades prácticas y una dosis de realidad.
Sin paños calientes: la prevención empieza por saber la verdad
Al trabajar temas como éstos con los menores, a menudo tendemos a suavizar las consecuencias, o incluso evitarlas, porque nos parecen graves, violentas o difíciles de comprender. Pero lo cierto es que mostrar qué ocurre cuando no hacemos un uso seguro o adecuado de Internet es fundamental para aprender a actuar de forma responsable. La respuesta de «mejor no darles más ideas» no es válida: las ideas ya están en Internet y los menores tienen acceso a ellas. El objetivo es que desarrollen su capacidad crítica para enfrentarse y gestionar correctamente esos riesgos.

Evidentemente, debemos valorar la edad de los alumnos y su capacidad de comprensión y madurez a la hora de elegir o adaptar los contenidos y planificar la tutoría. No sólo por no proponer un contenido demasiado complejo o duro para ellos, si no también no caer en el error de que sea demasiado infantil o cándido, y no se ajuste a la realidad que los menores sí son capaces de asumir.
Los contenidos deben ajustarse a la realidad que los menores sí son capaces de asumir
Al tratarse de problemáticas actuales, hay que extremar la precaución al trabajarlas en el aula, tanto por estar al corriente de posibles casos que existan en el grupo como por la sospecha de que pueda haberlos. Lo cierto es que esta circunstancia no debe desmotivarnos para hablar de estos temas con el alumnado, si no al contrario: es necesario hacerles reflexionar.
Introducir el tema y romper el hielo
No vamos a proponeros un chiste, eso lo dejamos para las conferencias. Principalmente porque con los alumnos vamos a necesitar algo más para llamar su atención. La idea es trabajar estos temas desde una perspectiva diferente y atractiva para ellos.
Empezar con contenido multimedia y sobre todo, actual, siempre es buena opción. Tanto a los jóvenes como a los más pequeños, les seduce cualquier oportunidad de salirse de su rutina escolar y más cuando utilizamos medios que les son conocidos o llamativos.
Podemos utilizar noticias de actualidad impactantes, que no dejan de aparecer en los periódicos y aportan un punto de realidad, como por ejemplo un caso de grooming a través de Facebook o una situación de ciberacoso grave. Las películas, documentales y campañas educativas en formato de vídeo que abordan estas temáticas son cada vez más accesibles, y pueden ser muy prácticas a la hora de introducir cuestiones complejas o socialmente incómodas, como qué motivaciones puede tener un menor para hacer sexting, o qué siente en la intimidad una víctima de ciberacoso.
Sus series favoritas o programas de televisión, como Glee o Catfish “Mentiras en la Red” de MTV, al estar enfocados al público juvenil, suelen contener problemas online con frecuencia y pueden cumplir la misma función para encuadrar la sesión de tutoría en el contexto de, por ejemplo, una situación de suplantación de identidad, fraudes o comunidades peligrosas. Otras opciones similares son las canciones de los grupos que les gustan y la literatura juvenil, donde también podemos encontrar ejemplos que planteen estas problemáticas.

Un detalle a tener en cuenta, es que no podemos olvidar que el tiempo de tutoría es limitado (y por norma escaso), así que debemos plantearnos como aprovecharlo bien. Sobre todo si nos animamos a utilizar una película o un capítulo de una serie, podemos seleccionar la parte que nos parezca más llamativa, para evitar monopolizar toda la sesión. Son herramientas para introducir el tema: sin la reflexión posterior pierden parte de su objetivo educativo.
Pongámonos en situación y manos al teclado
Una vez introducido el tema, no podemos quedarnos ahí. ¿Por qué no empezar con unas cuantas preguntas para analizar lo que hemos visto en esas noticias o vídeos? Expresar qué sentimientos nos producen o qué mensajes indirectos nos transmiten puede ayudarnos a ir un paso más allá de una primera impresión.
Para interiorizar la información, podemos aprovechar los recursos que nos ofrece el aula de informática y explorar espacios educativos virtuales como el catálogo de recursos de Internet Segura for Kids, el Material didáctico disponible para descarga gratuita de Internet Segura for Kids o la Mediateca de Convivencia Escolar del MECD, donde encontramos diferentes propuestas como la web didáctica de PantallasAmigas para trabajar el ciberacoso. Estos espacios nos ofrecen contenidos adaptados para diferentes edades sobre problemas que los menores pueden encontrar en Internet.

Utilizar las propias aplicaciones y redes sociales que ellos usan a diario les resultará muy práctico, y nos dan la oportunidad de trabajar habilidades transversales a los problemas de ciberbullying, sexting o grooming, como por ejemplo proteger su privacidad en Internet o navegar de forma segura y responsable.
Las redes sociales nos permiten trabajar habilidades transversarles a los problemas de ciberbullying, sexting o grooming
También podemos complementar la sesión con dinámicas de grupo, como las que propone la Unidad Didáctica sobre sexting de Chaval.Es, así como iniciativas activas como Tutoría entre iguales, puesta en marcha por el IES Front Maritím en Barcelona, o los Alumnos Ayudantes de IES Parque Goya de Zaragoza.
Sí al debate, pero con moderación
Otra opción para hacer reflexionar a los alumnos y alumnas es organizar un pequeño debate. Tomando como introducción un caso o situación de un problema online, esta herramienta puede utilizarse con un fin educativo ya que fomenta la participación y el razonamiento, a la vez que permite desarrollar valores como la empatía, la asertividad, el respeto a la diferencia y la capacidad de crítica.

Esta actividad no requiere mucha preparación previa, pero si queremos obtener resultados o conclusiones de utilidad para el grupo, sí es necesario tener en cuenta algunos aspectos para su puesta en marcha.
El papel del moderador/a es imprescindible, ya sea profesor o alumno, dado que su función es mantener un clima de comunicación y escucha, así como estimular la participación. Es recomendable marcar tiempos, tanto para las intervenciones como para la duración total de la actividad. De este modo, gestionaremos mejor la información y evitaremos desviarnos del tema a tratar.
Por último, para terminar la sesión es necesario sacar conclusiones. Cerrar la actividad recopilando los puntos clave de las intervenciones, determinando qué soluciones y reflexiones hemos sacado y cuáles son las ideas más relevantes para el grupo. Y lo ideal sería que fueran ellos los encargados de este último paso. Si conseguimos hacerles partícipes de los riesgos que conlleva navegar en Internet y cuáles son las consecuencias de ignorarlos, estaremos desarrollando su capacidad para defenderse y protegerse a sí mismos.
Y en vuestras aulas, ¿habéis planteado alguna tutoría sobre la seguridad en Internet? Contadnos en los comentarios vuestra experiencia tratando estos temas con los menores.
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI
Cuando navegamos por Internet a través de nuestro móvil, es bastante frecuente encontrarnos con ventanas que nos informan de situaciones como que nuestro dispositivo no está funcionando de manera óptima, que está infectado por malware, que tiene problemas en la batería o cualquier otro mensaje alarmante cuyo objetivo es confundir al usuario. A este tipo software malicioso se le denomina scareware. Afortunadamente, en la mayoría de las ocasiones hacemos caso omiso a estas ventanas y las cerramos directamente, pero cuando se dan las circunstancias adecuadas, pueden llegar a conseguir su objetivo y que caigamos en el engaño.
¿Cuándo aparecen este tipo de mensajes?
Este tipo de mensajes engañosos pueden mostrarse en banners/destacados de páginas de temática muy variada, facilitando un botón o enlace para acceder a la zona que facilitará más información, aunque algunas veces es indiferente el lugar que seleccionemos, ya que toda el área de la imagen está preparada para que al hacer tap, aparezca la nueva ventana emergente.

No se trata de un engaño nuevo, ya que los usuarios de los ordenadores se han visto afectados por estas prácticas durante años, pero con el auge de los dispositivos móviles el scareware ha evolucionado y sus mensajes alarmantes se han ido adaptando. Por lo tanto, mensajes del tipo “Aumente la vida de su batería 8 horas con esta aplicación”, “La seguridad de su teléfono está en serio peligro” o “¡Peligro! Su teléfono está ralentizado” son solo algunos ejemplos que usan los ciberdelincuentes para confundir a sus víctimas.
Junto a este tipo de mensajes se utilizan técnicas de ingeniería social como un contador de tiempo, mostrar la marca y modelo del dispositivo que estamos utilizando o hacer que vibre el smartphone. Todo esto, unido a que algunas veces nuestro dispositivo móvil no funciona con la misma fluidez que cuando lo compramos, podría llevarnos a equívocos.
¿Cuál es el objetivo del scareware?
Una vez la víctima ha caído en el engaño y selecciona algún enlace o botón, generalmente se abrirá la tienda de aplicaciones de su dispositivo con una app que promete solucionar todos los problemas de seguridad, rendimiento o ambos a la vez.
Este tipo de aplicación milagrosa que dice conseguir que el dispositivo funcione incluso mejor que cuando era nuevo, generalmente es de pago, con lo que sus desarrolladores ya habrán obtenido rédito económico. Pero este beneficio no se queda ahí, sino que la aplicación además puede:
- Generar mayores ganancias económicas con publicidad. Este tipo de aplicaciones generalmente están repletas de publicidad muy agresiva que ocupará la pantalla del dispositivo al completo, creando muchas dificultades a la hora de cerrarla.
- Recolectar información personal del usuario en función de los permisos solicitados por la aplicación, que suelen ser excesivos. Esta información posteriormente la podrán utilizar en su propio beneficio o venderla.
- Solicitar la instalación de aplicaciones alternativas, que lo más probable es que también sean de pago, para completar los servicios prometidos por la app milagrosa.
- Solicitar el número de teléfono para suscribirte a servicios de tarificación especial (SMS Premium).
- Instalar malware en el dispositivo capaz de realizar tareas como descargar e instalar aplicaciones de forma transparente para el usuario (sin su conocimiento).
¿Qué hacer si he instalado una de estas apps?
En caso de haber instalado uno de estos falsos optimizadores debemos seguir una serie de pasos con los que volver a tener un dispositivo seguro, proteger nuestra información personal y alertar al resto de usuarios sobre la aplicación.
- Desinstalar la aplicación milagrosa y cualquier otra que hayamos instalado en referencia a la anterior.
- Notificar a la tienda de aplicaciones (Google Play Store, Apple Store, etc.) sobre la aplicación o aplicaciones en cuestión.
Para notificar a Google sobre una app maliciosa abriremos la aplicación en cuestión en la app Play Store y a continuación nos desplazaremos a la parte inferior y seleccionaremos el enlace “Marcar como inadecuado”, indicaremos el motivo y seleccionamos el botón “Enviar”.

Para notificar a Apple sobre una app maliciosa accederemos al siguiente enlace, //www.apple.com/feedback/itunesapp.html. En los comentarios indicaremos la razón de la denuncia, el nombre de la app y su enlace a iTunes.

- Si has facilitado el número de teléfono en algún momento, contacta con tu compañía telefónica y solicita que bloqueen los números de SMS Premium.
- En caso de no poder desinstalar la aplicación o que el dispositivo tenga un funcionamiento anómalo procederemos a restaurarlo a los valores de fábrica siguiendo los pasos descritos en el siguiente artículo: ¡Mi móvil está poseído!
Cómo optimizar nuestro dispositivo de verdad
Después de casi todo el artículo hablando sobre las “verdaderas funcionalidades” de estas aplicaciones milagrosas y falsos optimizadores os habréis dado cuenta que la inmensa mayoría, no realiza las funcionalidades prometidas. En la mayoría de las ocasiones estos falsos optimizadores realizan tareas, como por ejemplo, reducir el brillo de la pantalla o cerrar aplicaciones. Además el hecho de ejecutar una aplicación conlleva un gasto de batería y recursos con lo que además de inútil, es contraproducente.
Para optimizar nuestro dispositivo de forma eficiente y sin tener que buscar una de estas aplicaciones, seguiremos los siguientes pasos:
- Desinstalar las aplicaciones que no utilicemos, o puede que padezcas DiAppgenes.
- Cierra todas las apps que no estés utilizando.
- Deshabilitar las conexiones inalámbricas como el Bluetooth, wifi o NFC siempre que no las utilicemos de forma activa.
- Reducir el nivel de brillo de la pantalla o utilizar la función de autoajuste que traen muchos dispositivos.
- Reiniciar el dispositivo de vez cuando de esta forma se liberará la memoria RAM del dispositivo.
- En caso de tener la memoria interna del dispositivo saturada mover todo lo posible a la tarjeta SD o a otro dispositivo de almacenamiento alternativo.
Conclusión
Las aplicaciones milagrosas que nos ofrecen optimizar nuestro móvil, sí que realizan un gran número de tareas pero casi ninguna de las que prometieron a los usuarios. Su objetivo es simple: reportar un beneficio económico a sus desarrolladores y, cuanto mayor sea éste, mejor, independientemente de los métodos utilizados. ¡Qué no te engañen! Usa el sentido común y si tienes dudas, pregúntanos a través de nuestro formulario de contacto.
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI
¿Utilizas dispositivos móviles en tu empresa? ¿Has pensado en incorporar tus dispositivos móviles personales a la dinámica de la empresa? ¿Ya los estás usando? ¿Sabes cómo utilizarlos con seguridad?
¿Utilizas dispositivos móviles en tu empresa? ¿Has pensado en incorporar tus dispositivos móviles personales a la dinámica de la empresa? ¿Ya los estás usando? ¿Sabes cómo utilizarlos con seguridad?
La mayoría de las empresas trabajan con información confidencial que manejan desde todo tipo de equipos y dispositivos como ordenadores, portátiles, tabletas, teléfonos móviles, etc. Estos dispositivos pueden ser utilizados tanto dentro del entorno corporativo como fuera de él, aprovechando los avances tecnológicos que han hecho posibles mejoras en su funcionalidad y conectividad.
En los últimos tiempos, se está extendiendo entre las empresas una forma de trabajo, que consiste en permitir a los empleados la utilización de sus dispositivos móviles personales para acceder y utilizar los recursos internos de la empresa, tanto desde dentro como desde fuera de la protección de la red privada corporativa. De esta forma, los usuarios hacen un uso mixto (personal y laboral) de sus propios dispositivos personales. Es lo que se conoce como BYOD (por sus iniciales en inglés, Bring Your Own Device, tráete tu propio dispositivo).
Es una forma de trabajar que aporta grandes beneficios, como el ahorro económico o la flexibilidad, pero que también trae consigo una serie de riesgos importantes para la seguridad de la empresa (como te contábamos en esta infografía). A la hora de implantar esta forma de trabajo, tendremos que considerar:
- la pérdida o robo de información,
- el mal uso que se pueda hacer de los dispositivos,
- el robo de dispositivos,
- el robo de credenciales,
- la utilización de sistemas de conexión no seguros, etc.
Al permitir utilizar este tipo de dispositivos, debemos establecer una serie de medidas que nos ayuden a paliar los efectos derivados de los riesgos a los que nos enfrentamos. Medidas que podemos dividir en tres líneas de acción:
- Protección de la información. Debemos proteger el activo más importante de nuestras empresas. Para ello:
- controlaremos la instalación de aplicaciones, y los permisos de estas sobre la información a la que puedan acceder;
- realizaremos un cifrado de los dispositivos para que la información solo sea legible para las personas autorizadas;
- realizaremos copias de seguridad de la información de manera regular;
- y utilizaremos un sistema de almacenamiento en la nube para sincronizar datos y no perder información al compartirla con otros dispositivos.
- Configuración de los dispositivos. Debemos asegurar, en todo momento, la integridad de los dispositivos y la confidencialidad de las comunicaciones. De este modo minimizaremos los riesgos derivados del robo de las credenciales de acceso o de la desaparición de los dispositivos.
- Protección de la conexión a redes inalámbricas. Debemos tener en cuenta también, la seguridad de las comunicaciones realizadas entre los dispositivos móviles y los recursos internos de la empresa, asegurando en todo momento la confidencialidad de los datos. Especialmente, cuando hagamos uso de redes ajenas a la empresa que no sean seguras.
Hoy te presentamos la guía «Dispositivos móviles personales para uso profesional (BYOD): una guía de aproximación para el empresario». En ella, tratamos de detallar los riesgos de la utilización de estos dispositivos en el entorno corporativo, así como mostrar las medidas de seguridad que debemos tomar para que la información que contienen esté segura en todo momento.
¡Protege tu empresa! ¡Protege tu información! ¡Asegura tu movilidad!
Etiquetas:
Buenas prácticas, Concienciación, Empresa, Movilidad, Proteccion informacion
Nota de DavidHellin: La noticia es original de INCIBE
No hay duda, jugar es una de las actividades más habituales de los menores al utilizar las TIC y más todavía durante las vacaciones. Y sí, es necesario tener en cuenta algunas pautas de seguridad para su protección. ¡Conozcámoslas!
Existen muchos tipos de juegos y tienen características diferentes que hacen que debamos centrar nuestra atención en riesgos muy diversos a la hora de proteger a los menores. Estos riesgos van desde las pérdidas económicas hasta el contacto con personas poco deseables, pasando por las posibles adicciones o situaciones de aislamiento.
Los juegos se pueden clasificar de diferentes maneras. Una de ellas podría ser en función de la plataforma en la que se utilizan:
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Integrados en otros servicios (esencialmente redes sociales pero también en navegadores). Se trata de aplicaciones de terceros que ofrecen sus servicios dentro de otro servicio. En muchos casos suelen sincronizarse con aplicaciones de dispositivos móviles. Los principales riesgos, que más adelante detallaremos, se centran en la privacidad de los menores y en segundo plano en el contacto con otras personas y posibles costes económicos.

Principales juegos en redes sociales
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Para dispositivos móviles. Tanto tablets como smartphones pueden convertirse en pequeñas videoconsolas, aunque sus juegos suelen ser más ligeros y simples. Los riesgos son similares a los de los integrados en las redes sociales con la salvedad de que el malware puede estar presente en muchas ocasiones.
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Juegos específicos para ordenador o consolas. Se trata de juegos más completos y diversos. En este caso los riesgos son muy amplios dada la cantidad de posibilidades.
Además, es necesario saber que existen otras “plataformas” de juegos como Steam, Origin y Uplay o Google Play. Se trata de plataformas de distribución de juegos (de pago o gratuitos) para ordenadores, consolas o dispositivos móviles. Es decir, son canales alternativos de obtención de juegos. Los riesgos asociados, además de los relacionados con las compras y gastos, cabe destacar posibles problemas para la privacidad ya que disponen de cuentas de usuario con información privada del jugador.
Riesgos
Compras y gastos asociados. Actualmente muchos juegos permiten realizar compras o pagos dentro de ellos. Puede tratarse de pagar por la versión completa del juego que en parte es gratuito, por el desbloqueo de ciertos niveles difíciles de superar o por algún elemento a utilizar en el juego (desde espadas o conjuros hasta pistas para enigmas). El cargo de estos pagos se puede hacer de diferentes modos (mediante tarjeta de crédito/débito, cuenta prepago, factura de teléfono, etc.).
Acceso a contenidos inapropiados. Los videojuegos son muy diversos, y los hay enfocados a niños de muy corta edad mientras otros están destinados a adultos por su contenido violento o sexual. El sistema más utilizado en España para la clasificación de los videojuegos es PEGI, una clasificación europea que siguiendo ciertos criterios establece una edad mínima recomendada y advierte de determinados contenidos o características como la violencia, el sexo o la conexión a internet.
Adicción/aislamiento. Un riesgo que siempre preocupa a los padres es que sus hijos generen una adicción a los videojuegos. Se trata de una situación polémica, ya que muchas veces no es fácil distinguir entre un excesivo interés o afición y una adicción. Por lo general el límite se establece en la aparición de problemas, abandono de otros tipos de actividad y aislamiento. Aun así no se trata de una situación fácil de diagnosticar, ya que en muchos casos que un menor esté solo en una habitación jugando en el ordenador no implica que esté aislado y puede haber estar jugando con sus compañeros de clase o con otras personas. A pesar de ello no es recomendable que su socialización se centre en la versión online.

Privacidad. Este riesgo tiene muchas vertientes diferentes:
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Permisos dados a las aplicaciones. Especialmente en las aplicaciones para dispositivos móviles y las integradas en redes sociales, los juegos pueden ser gratuitos y se financian con publicidad y con el uso de los datos del usuario. En la instalación de la aplicación o al comienzo de su uso advierten de la información que recoge del usuario y de su dispositivo (fotografías, contactos, datos de navegación, etc.).
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Información del uso del juego publicada. Estas aplicaciones pueden permitir la publicación de datos sobre el uso de los juegos (por ejemplo puntuaciones), retar a otros jugadores o invitar a amigos a jugar. Además, estas opciones pueden estar activadas por defecto y realizarse la publicación de forma automática. Aunque no se trate de información especialmente importante no deja de revelar datos como momentos en que el usuario ha estado jugando, destrezas y niveles alcanzados, etc.
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Perfil del jugador a modo de red social. Algunos juegos o plataformas (por ejemplo las de distribución de juegos) pueden funcionar a modo de red social. En estos casos cada jugador puede tener un perfil de usuario en el que se incluye información personal como nombre, edad, aficiones, etc. Esta información puede estar siendo compartida con todos los usuarios de la plataforma.
Riesgos de contacto. Otros riesgos se centran en el contacto con otras personas. En algunos casos, conocer a otros jugadores puede ser positivo y enriquecedor, pero en otros podría resultar muy nocivo.
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Contacto con comunidades peligrosas. Determinadas comunidades pueden utilizar los videojuegos y plataformas de juego para contactar con menores y así difundir sus ideas y ganar adeptos. Hablamos por ejemplo de grupos de ideología extremista y comunidades pro-anorexia o bulimia.
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Acoso. Como decíamos anteriormente, el contacto con otras personas abre la puerta a relaciones positivas, pero también a otras negativas como el acoso o ciberbullying. Este acoso puede ir desde el continuo envío de mensajes ofensivos hasta la eliminación constante del jugador-víctima (estableciéndole como objetivo constante a eliminar para evitar que pueda disfrutar del juego).
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Grooming. En el extremo de los riesgos de contacto puede haber adultos que traten de establecer una relación con menores teniendo objetivos de carácter sexual. Para ello suelen tratar de establecer en primer lugar una relación de confianza y amistad con los menores. Obviamente, un lugar en el que no es extraño que puedan comenzar a establecer estos acercamientos son las plataformas de juego en las que pueda existir un contacto entre jugadores.
Malware. Finalmente, también pueden darse problemas de malware en los videojuegos. Mencionamos tres posibles formas de infección:
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Aplicaciones maliciosas. En algunas ocasiones alguien puede desarrollar aplicaciones (especialmente para dispositivos móviles) que incluyan malware y esquivar los controles de seguridad de las plataformas de distribución.
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Descarga de mods. Algunos juegos (especialmente los más complejos) permiten la incorporación de modificaciones (mods) desarrolladas muchas veces por los propios usuarios. Estas modificaciones pueden cambiar la cara de los protagonistas o cualquier otro elemento (edificios, coches, ropa, etc.) y suelen compartirse en las comunidades de jugadores, pero en ocasiones pueden incorporar cambios más profundos que conviertan el juego en un elemento de infección o que directamente incluyan algún tipo de virus o troyano.
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Pirateo. En otras ocasiones el problema de las infecciones del malware es debido al propio usuario al tratar de utilizar copias pirateadas de los videojuegos. Un estudio mostró cómo el 18% de los juegos compartidos en redes P2P contenía algún tipo de malware, rozando el 40% en el caso de los programas desarrollados para piratear estos juegos (cracks).
Prevención
La prevención, como en otras ocasiones, se puede dividir entre la tecnológica y la de comunicación y comportamiento.
Soluciones tecnológicas:
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Adquirir los juegos en tiendas o plataformas de confianza. Así se podrá evitar posibles infecciones por malware e instalar aplicaciones maliciosas. Obviamente estos juegos deben ser legítimos, no copias sin licencia.
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Cuenta personalizada para los menores y uso de herramientas de control parental. Para evitar que los menores puedan acceder a contenidos inapropiados o limitar el tiempo que puedan dedicar a estos juegos es necesario crear cuentas personalizadas y utilizar herramientas de control parental. Cada plataforma , dispositivo y servicio puede contar con la suya propia (PlayStation, Xbox, Wii U, Steam dispositivos Windows, Android…), y en otras ocasiones es posible instalar alguna aplicación específica.

Categorías PEGI para videojuegos
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Mantener actualizados tanto los sistemas operativos como los juegos. Los parches de seguridad evitan problemas que se hayan podido descubrirse, evitando así algunas infecciones por malware.
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No modificar el sistema operativo. Muchos dispositivos suelen ser modificados con programas o componentes para poder utilizar programas sin licencia. Estos cambios pueden comprometer la seguridad de los mismos.
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Seguridad en perfiles de usuario. Al igual que se deben proteger otros servicios como redes sociales o email, también debe protegerse el perfil del usuario tanto en plataformas de juego como en las de pago. Contraseñas robustas y especial atención a las configuraciones de seguridad y privacidad son algo básico.
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Compartir el juego con ellos y hablar sobre los que más le gustan. Es complicado aconsejar a los menores sobre los juegos si no se conoce nada sobre ellos. Por eso es recomendable compartir momentos de juego con los menores, así podremos ver los riesgos que pueden correr, los contenidos a los que acceden y sus gustos y actitudes.
Soluciones de comunicación y comportamiento:
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Advertirles de los riesgos en el contacto con otras personas y la importancia de la privacidad. Es importante que les eduquemos de forma que valoren su privacidad y tengan cautela al tratar con personas a las que no conocen de nada.
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Inculcarles el respeto hacia los demás. Además de la cautela, los menores no deben de olvidar nunca el respeto a los demás y tratar de tener una actitud adecuada.
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Normas de uso: contenidos y tiempos. Las normas de uso deben ser tomadas de forma conjunta para que así conozcan el porqué de las mismas. De especial importancia son las normas sobre los contenidos o tipo de juegos que se pueden utilizar y los horarios o momentos de juego permitidos. Una buena idea es firmar un pacto familiar.
Compartir momentos de juego con ellos es una buena estrategia
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Advertir sobre descargas. También se debe alertar sobre los riesgos de descargar archivos que no provengan de los desarrolladores de los juegos.
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Servir como ejemplo. Los menores aprenden del comportamiento de los adultos. Si un adulto no tiene el comportamiento más adecuado cuando juega es posible que los menores terminen imitando su actitud.
Reacción
A pesar de todas las medidas de protección siempre es posible encontrarse con algún problema ante el que habrá que reaccionar para resolverlo.
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No sobreactuar. Se trate del problema que se trate debemos mantener las vías de comunicación con los menores en perfecto estado, por lo que no debemos actuar de modo que acabemos con las posibilidades de que acudan a nosotros en futuros problemas.
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Mostrar apoyo y no culpabilizar. La búsqueda de responsabilidades y las consecuencias deberán plantearse, pero no en los primeros momentos. La prioridad es mostrar nuestro apoyo al menor que solicita ayuda, que sepa que estamos ahí para ayudarle.
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Denuncia ante el proveedor o administrador del servicio. Si otro usuario tiene una actitud negativa y genera problemas quien mejor puede actuar es el administrador del servicio. Los juegos que permiten la interacción de jugadores cuentan con canales de contacto para denunciar actitudes negativas como el acoso.
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Denuncia ante Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Ante problemas de mayor envergadura, o si se considera que se ha cometido algún delito, es necesario ponerse en contacto con la Policía, Guardia Civil o algún cuerpo de policía autonómico.
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Buscar ayuda profesional. En caso de posibles consecuencias psicológicas es necesario acudir a profesionales. Los centros educativos son un buen punto de inicio, allí encontraremos profesionales que nos podrán ayudar en primer término y aconsejar sobre dónde dirigirnos y cómo actuar.
Teniendo en mente estos aspectos y recomendaciones seguro que vuestros hijos podrán disfrutar de los videojuegos sin mayores complicaciones, pero… ¿vosotros cómo afrontáis el tema de los videojuegos con ellos? ¿Qué les recomendáis? Y sobre todo ¿les dejáis ganar o no lo necesitan?
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI
La conducta de los menores en muchos casos no concuerda con los deseos de sus padres, pero hay que recordar que la actuación de estos a veces tampoco concuerda con esos deseos. Además, hay que añadir la influencia de la sociedad y los modelos que se pueden ver en televisión y otros medios que no siempre refuerzan valores que todo el mundo considera deseables. Por eso es necesario que los padres sirvamos como ejemplo a imitar y que nuestra conducta sea coherente con nuestro discurso.
Frecuentemente escuchamos quejas de adultos sobre el uso que los niños y adolescentes hacen de internet y siempre aparece la misma pregunta ¿por qué hacen estas cosas? Pero pocas veces oímos a alguien diciendo que el principal método de aprendizaje es la imitación, y que los chavales no son más que un reflejo de lo que ven cotidianamente. Y ahí está la importancia de que les sirvamos como modelo.
Así es, por más que pensemos que ellos deciden cómo actuar olvidamos que normalmente eligen entre las alternativas que se les muestran. ¿Que de entre todas no suelen elegir las ideales? Puede, pero tal vez eligen la que ven como más común y no lo sabemos. Además tenemos claro que en muchos casos el conjunto de la sociedad no termina de ayudarnos a mostrar modelos positivos y valiosos.
Por ello, como padres, debemos reflexionar de vez en cuando sobre si nosotros mismos somos el mejor ejemplo o si hay alguna actitud que no terminamos de corregir para no ser un mal modelo.

Por ejemplo, ¿cuántas veces nos piden nuestros hijos que les dejemos el teléfono móvil o tableta para jugar y tras varias veces teniendo que autorizarles una instalación acabamos quitando los sistemas de protección del dispositivo? Por más que lo veamos como un modo de ser más ágiles no dejamos de enviar un mensaje claro, la seguridad por debajo de la comodidad, aunque el único inconveniente a sufrir fuera introducir una simple clave.
El envío de imágenes y vídeos de nuestros hijos a través de aplicaciones como WhatsApp o su publicación a través de redes sociales es más que habitual cuando éstos son pequeños. Pero luego queremos que ellos aprendan a valorar la privacidad y no la expongan abiertamente en internet, olvidando que nosotros hemos sido los primeros en abrir las puertas.
La lista de ejemplos podría ser muy larga (responder a llamadas perdidas de números que no conocemos, discusiones sin sentido con el único fin de “tener razón”, instalar programas sin fijarnos en que aceptamos incluir barras de herramientas, ver en casa programas de televisión que no valoran la privacidad o promueven modelos de actuación nocivos…) pero hay que ser conscientes, nosotros somos los primeros que debemos dar ejemplo.
El cómo servir de ejemplo no es tan simple como parece, pero tampoco es tan complicado, es cuestión de generar una buena dinámica. Por eso, lo mejor es empezar acompañándoles en su uso de internet desde pequeños, cuando están aprendiendo a utilizar las nuevas tecnologías y se pueden generar fácilmente buenos hábitos.
Además, es recomendable (a todas las edades) hablar con ellos sobre lo que hacen y ven en internet, intercambiando experiencias y conociendo sus opiniones. Así, podremos saber lo que hacen bien y mal, y también nos daremos cuenta de nuestros propios errores, que no está de más reconocerlos y asegurar que pondremos de nuestra parte para corregirlos.
Otra buena práctica a la hora de dar ejemplo es estar entre sus contactos en las redes sociales. Así, podrán ver cómo las utilizamos y nos forzaremos a nosotros mismos para hacer un uso responsable y que pueda servir como ejemplo.
Obviamente cada caso es diferente y depende en gran medida de la edad de nuestros hijos y de su uso de la tecnología, por lo que recomendamos leer esta Guía para la mediación parental en la que se pueden encontrar estos y otros consejos prácticos para cada edad.
Todos estos casos son buenas prácticas relacionadas con internet, pero no olvidemos lo más importante, cómo utilizan las nuevas tecnologías no es más que un reflejo de cómo se comportan en su día a día. Por tanto, su educación sobre cómo actuar en internet debe ir de la mano de las mismas pautas que les inculcamos para su vida diaria en el resto de ámbitos.
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI






