Son varias las leyes a cumplir: LSSI, RGPD, LOPD, LPI, etc. Aprende más sobre ellas y cómo cumplirlas en tu empresa.
El próximo 28 de enero, como viene siendo habitual, se celebra el Día de la Protección de Datos en Europa, y cada vez en más países del resto del mundo. La seguridad de los datos personales es algo que cada vez tienen más presente los clientes de cualquier servicio, ya sea digital o tradicional. Ofrecer garantías sobre el debido tratamiento que se realizará a los datos generará confianza, y no hay nada que genere más confianza que cumplir con las leyes que los protegen.
“Ignorantia juris non excusat” que en latín significa “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”. Este principio sigue vigente actualmente en nuestra sociedad y nos afecta a todos. Esta regla es extrapolable al entorno empresarial, ya que las empresas también están obligadas a cumplir con la legislación.
España, como país miembro de la Unión Europea, tiene marcado como objetivo la construcción de un mercado único digital, libre y seguro, tanto para la propia empresa como para sus clientes. Para alcanzar la consecución de estos objetivos será necesario regular varios aspectos mediante leyes que deberán cumplir todas las empresas.
Las principales leyes que afectan a pymes y autónomos desde el punto de vista de la seguridad de la información son:
LSSI-CE
La Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico tiene como objetivo regular el régimen jurídico de los servicios relacionados con Internet y la contratación electrónica, como son llamadas telefónicas o mensajería SMS. Esta ley se aplica en los siguientes supuestos siempre que el prestador del servicio, es decir el empresario, obtenga algún tipo de beneficio:
- comercio electrónico
- contratación en línea
- información y publicidad
- servicios de intermediación
Cualquier empresa o autónomo que realice alguna actividad de las anteriores deberá incluir toda la información que se encuentra en el apartado «Información para la identificación del prestador de servicios relacionados con Internet» de la web oficial. Toda esta información, normalmente se sitúa en la sección denominada “Aviso legal” y sería similar a la de INCIBE.
Cookies
Las cookies permiten a los prestadores de servicios, como una tienda online o un blog, almacenar información en el dispositivo del cliente o del usuario. Esta información puede ser posteriormente recuperada. Las cookies pueden ser propias o de terceros, como por ejemplo las de Google Analytics. Antes de instalarlas en un equipo del cliente se debe solicitar su consentimiento, que comúnmente se realiza mediante un banner:

Una buena práctica es incluir una sección denominada Política de Cookies, que podría estar dentro del apartado Aviso Legal o tener entidad propia como sucede en la sección Política de cookies de INCIBE. En un futuro, con la entrada del reglamento ePrivacy, los usuarios contarán con un mayor control sobre el uso de este tipo software.
LOPDGDD y RGPD
La Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales y el Reglamento General de Protección de Datos o RGPD, son las normas que velan en España por la protección y privacidad de datos personales. La mayoría de empresas y autónomos utilizan datos personales, ya sean de clientes, proveedores o empleados en sus labores cotidianas. Esto implica que deberán cumplir con esta legislación.
El RGPD es un marco normativo común para todos los países miembros de la Unión Europea, pero será cada país quién deba desarrollar el reglamento de manera interna.
Cualquier empresa o autónomo que realice algún tipo de tratamiento de datos personales deberá cumplir tanto con la LOPDGDD, como con el RGPD. En caso de incumplimiento quedará expuesto a las sanciones correspondientes.
Si eres una pyme y quieres saber cómo adecuar el tratamiento de datos personales al nuevo reglamento, visita nuestra RGPD para pymes. También ponemos a tu disposición una completa guía en la que se indica de manera más exhaustiva cómo cumplirlo.
LPI
La Ley de Propiedad Intelectual se encuentra regulada en el Real Decreto Legislativo 1/1996, cuyo objetivo es proteger cualquier tipo de obra literaria, artística o científica, fruto de cualquier actividad empresarial.
La LPI protege los derechos de los autores, tanto derechos morales, que son inalienables e irrenunciables, como derechos patrimoniales o de explotación de la obra. En cuanto a estos últimos, las empresas y autónomos deberán:
- No utilizar obras protegidas sin pagar derechos de autor, esto afecta tanto al software, como a imágenes, videos, textos, audios, tipografías, etc. También se incluye a los creadores o diseñadores que se contrate.
- Proteger los derechos de las creaciones propias o de los empleados, respetando siempre el derecho del creador de reconocerse como autor de la obra.
Cumplir con la normativa que afecta a las empresas y organizaciones puede marcar la diferencia, ya que tus clientes, usuarios y proveedores podrán comprobar que se respetan en todo momento sus derechos y libertades. Además, el hecho de no aplicar la normativa vigente, ya sea por desconocimiento o premeditadamente, puede incurrir en sanciones económicas que podrían traer consigo incluso el cierre de la empresa. Celebra con nosotros el Día de la Protección de Datos, cumple con la ley y protege tu empresa.
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Protección información, Protección clientes, Empresa, Cumplimiento legal
Nota de DavidHellin: La noticia es original de INCIBE
La aparición constante de virus y otros tipos de malware es una de las principales amenazas a las que se enfrenta cualquier empresa. Para combatirlos, será necesario contar con una política antimalware.
El mundo de la ciberseguridad se caracteriza por la lucha constante contra todo tipo de amenazas, entre ellas los virus o el malware. En muchas ocasiones, esta lucha dependerá del índice de concienciación del empleado pero en otras, de las políticas que la empresa tenga implementadas para su funcionamiento diario. Contar con una política antimalware será primordial para evitar las infecciones o los riesgos a los que pueda estar expuesta nuestra empresa. Adicionalmente, esta deberá ser conocida por todos los empleados de la organización y su puesta en práctica, debidamente revisada y auditada.
Pero, ¿sabes qué es una herramienta antimalware?
Son herramientas destinadas a la protección de nuestros sistemas informáticos: servidores, ordenadores, con independencia de que sean portátiles o de sobremesa, tablets, smartphones, etc., frente a software malicioso.
Las principales vías de contagio por malware son:
- las descargas de ficheros, ya sea de adjuntos al correos o desde páginas web;
- la navegación por páginas web de dudosa fiabilidad;
- la existencia de vulnerabilidades en los dispositivos que no se han actualizado;
- la utilización de dispositivos extraíbles ajenos.
El principal objetivo del software malicioso es dañar o modificar un dispositivo infectado, ya sea para controlarlo o para robarle información. El enorme daño que podrían causar a una organización hace necesario y obligatorio establecer una política destinada al control de malware. Su función principal será prevenir, detectar, controlar y eliminar la ejecución de cualquier tipo de software malicioso en los dispositivos y sistemas de la organización.
Principales puntos clave a tener en cuenta.
Determinar cuáles son las soluciones más convenientes con las que deberá contar nuestra empresa. Estas dependerán del tamaño de la organización, del nivel de seguridad requerido o de la complejidad de las configuraciones. Así pues, habrá que determinar si se opta por herramientas orientadas a la protección del puesto de trabajo, como los equipos portátiles o de los distintos dispositivos móviles con los que cuente la empresa. También se puede optar por soluciones globales corporativas que centralicen la protección antimalware en los dispositivos corporativos.
Configurar las herramientas de protección de malware, de tal manera que:
- se realicen controles automáticos y periódicos;
- se realicen comprobaciones automáticas de ficheros adjuntos al correo o de aquellos que se descarguen de cualquier página web;
- se bloquee el acceso a aplicaciones basándose en una política de listas negras, y que permita el acceso a aquellas que se encuentren en listas blancas;
- se permitan analizar páginas web para detectar posibles amenazas.
Actualizar herramientas de detección de malware. Se deberá determinar la periodicidad con la que serán actualizadas, siendo lo recomendable las actualizaciones automáticas, así como contar con una periodicidad de búsqueda de actualizaciones diaria.
Establecer un procedimiento de respuesta ante infecciones. Teniendo en cuenta factores como el impacto, los activos que pudieran estar comprometidos o cómo recuperarlos, se deberá establecer qué sucesos serán considerados incidentes. Posteriormente, se indicará el operativo a seguir para su mitigación.
Contar con una política de buenas prácticas para el control del malware, que deberá ser conocida y puesta en práctica por toda la plantilla a través de aspectos como los siguientes:
- considerar todos los contenidos y descargas potencialmente inseguras hasta que no sean analizadas por las herramientas antimalware;
- prohibir acciones como ejecutar ficheros descargados sin haber sido analizados previamente, ejecuciones automáticas de contenido o alterar la configuración de los sistemas y equipos de tratamiento de la información;
- utilizar únicamente software permitido y convenientemente actualizado;
- seguir las directrices que marcan la política de correo electrónico para evitar la recepción de spam.
Contar con una política antimalware será especialmente necesario para poder prevenir infecciones que repercutan en el tratamiento de información de la empresa y para saber qué hay que hacer ante un incidente de seguridad de este tipo. Esto será vital, sobre todo, si para el desarrollo de la actividad de la empresa es necesario estar conectados a Internet o hacer uso de dispositivos de almacenamiento externo. No esperes a que sea demasiado tarde, establece las directrices para prevenir la aparición de malware y asegúrate que tus empleados las conocen y las ponen en marcha.
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Nota de DavidHellin: La noticia es original de INCIBE
Las extensiones para los navegadores pueden ser un riesgo para la seguridad de la empresa si están no se controlan.
Generalmente, en los equipos de una organización, los permisos que tienen los usuarios están limitados para que no puedan instalar software a su antojo. Para ello, deberán contar con el consentimiento del administrador, ya que sin esta supervisión, una instalación supondría un riesgo de seguridad. Esto es lo que se denomina política de aplicaciones permitidas y siempre es recomendable tenerla implementada en cualquier empresa.
Cuando los usuarios requieren de ciertas herramientas que no están contempladas en el listado de la política de la empresa, una forma de conseguir algún tipo de funcionalidad es a través de extensiones para los navegadores. Administrar extensiones para los navegadores no suele estar reflejado en los permisos y restricciones de usuario, por lo que cualquiera podría añadir las que considere oportunas.
Riesgos asociados al uso de extensiones para los navegadores
Las extensiones, también conocidas como complementos o add-ons, son herramientas que otorgan a los navegadores web funcionalidades extra que por defecto no tienen. Existen multitud de aplicaciones de este tipo con una gran variedad de funcionalidades que pueden ir desde bloquear ventanas emergentes o gestionar las contraseñas hasta simplemente cambiar la imagen de fondo del navegador.
Añadir sin ningún control tantas extensiones como se desee en los navegadores, puede llegar a suponer un riesgo para la seguridad de la organización. En algunos navegadores, como Chrome o Firefox, la instalación de estos add-ons requiere que el usuario otorgue una serie de permisos, como por ejemplo, leer y modificar el contenido de las webs que se visitan. El funcionamiento de estos permisos es limitado, ya que si no se aceptan, no se permite la instalación. Al final, se trata de una acción natural por un lado e inconsciente por otro, ya que los usuarios aceptan con el único objetivo de conseguir la funcionalidad deseada.
Algunos complementos, por inofensivos que parezcan podrían llevar a cabo actividades maliciosas. ¿Quién podría llegar a pensar que un sencillo bloc de notas podría robar nuestras contraseñas?, o ¿quién podría suponer que una extensión que tiene como objetivo otorgar una mayor privacidad al usuario, estaría haciendo justamente todo lo contrario, robar nuestro historial de búsquedas para venderlo al mejor postor? Los riesgos no se quedan aquí. Por poner varios ejemplos, un complemento malicioso podría llegar a utilizar la capacidad de proceso de nuestro equipo para minar criptomonedas, conceder likes sin nuestro consentimiento en diversos servicios de redes sociales, publicar comentarios fraudulentos en redes sociales, robar información bancaria o mostrar publicidad intrusiva, etc.
Otro riesgo asociado a este software puede originarse cuando un desarrollador decide vender su complemento a otra empresa. Esta nueva empresa podría modificar el código de la aplicación para que, además de realizar las acciones para las que fue desarrollado originalmente, tenga otras menos legítimas, como alguna de las anteriormente mencionadas. El principal atractivo por el que los ciberdelincuentes optan por utilizar complementos como vía para para realizar acciones maliciosas es porque los usuarios consideran este tipo de software como inofensivo. Además, los antivirus no suelen identificar estas acciones como maliciosas en la mayoría de los casos. Los ciberdelincuentes podrían publicar una actualización de un complemento para que esta realice la actividad maliciosa como el robo de contraseñas, y volver a enviar otra actualización para modificar la actividad inicial por otra, como los likes en redes sociales o incluso a que su funcionalidad vuelva a ser la legítima.
Medidas de seguridad en el uso de extensiones
La mejor medida de seguridad que se puede llevar a cabo en relación a este posible problema, como en muchos otros, es la formación y la concienciación, ya que al final serán los propios usuarios quienes decidan qué extensión instalar. Además, siempre es recomendable seguir una serie de recomendaciones antes de instalar una aplicación de estas características:
- Instalar únicamente los complementos que sean necesarios para el desempeño de la actividad en la empresa.
- Utilizar únicamente las tiendas oficiales que disponen los navegadores, ya que antes de publicarse, estas han sido comprobadas para que no realicen actividades maliciosas. Mencionar que no se trata de una medida definitiva, ya que siempre se podría escapar algún complemento malicioso a los controles de calidad.
- Comprobar los comentarios de los usuarios y verificar que estos no advierten sobre actividades fraudulentas de la extensión.
- Comprobar el número de descargas evitando aquellas recién publicadas y de las que la comunidad no ha reportado nada ni positivo ni negativo.
Los navegadores como Chrome o Firefox en su versión para consumidores o usuarios domésticos, no permiten bloquear la instalación de extensiones. Una forma de conseguir este control es instalar las versiones para empresas. Estas versiones de los navegadores permiten a los administradores controlar, entre otras, la capacidad de los usuarios para instalar extensiones por medio de políticas específicas.
Las extensiones en los navegadores pueden llegar a ser una amenaza, ya que aunque ofrecen funcionalidades extra que muchos usuarios demandan, podrían incluir otro tipo de funciones menos legítimas y que están ocultas al usuario. Algunas de ellas, podrían llegar a comprometer información confidencial, lo que siempre es un riesgo para cualquier empresa.
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Buenas prácticas, Concienciación, Empresa, Amenazas
Nota de DavidHellin: La noticia es original de INCIBE
Son muchos los hogares que cuentan con una o más videoconsolas destinadas al entretenimiento de toda la familia, desde los más pequeños, los jóvenes y, por qué no, también los adultos. Estos ‘juguetes’ cada vez son más sofisticados y mejoran con cada modelo las prestaciones que pueden ofrecer, entre las que se incluye, desde hace unos años, la conexión a Internet. ¿Supone esto un riesgo para los menores?
Como cualquier dispositivo que pueda conectarse a Internet, las videoconsolas tanto de sobremesa, como portátiles pueden suponer un riesgo si no se aplican medidas de prevención y se usan con responsabilidad. La mayoría de los modelos actuales tienen esta función y los menores la utilizan cada vez más en su tiempo de ocio.
Para ponernos en situación, según el ONTSI el 37% de los hogares en nuestro país tienen al menos una videoconsola y más del 76% de los menores de entre 6 y 14 años son jugadores, según la Asociación Española del Videojuego.
Ahora bien, el dato que más nos interesa en este artículo, al respecto de la posibilidad de jugar conectado, es que el 42% de los menores juega en red con otras personas, y al menos un 25% juega en línea con desconocidos, según la encuesta sobre hábitos de uso y seguridad de Internet de menores y jóvenes en España del Ministerio del Interior.
El 42% de los menores juega en red con otras personas, y al menos un 25% juega en línea con desconocidos
¿Por qué una videoconsola se conecta a Internet?
Esta función principalmente permite al jugador nuevas opciones de juego, como partidas en línea con otros usuarios, participar en competiciones y conversar con otras personas que también están jugando. Además, la conexión a Internet permite que la videoconsola pueda actualizarse, así como otras funciones como descargar juegos y demos, comprar extras y ampliaciones de los juegos, incluso alquilar películas o realizar búsquedas en línea como si fuera un ordenador.
Para poder conectarse, las videoconsolas utilizan la red wifi (ya sea en el hogar o en un espacio de conexión público) o un cable de red. Además, para algunas de las funciones de conexión como el juego en red o multijugador, puede ser necesario abonar una tasa de suscripción para poder utilizar este servicio.

En general, no es imprescindible conectarse a Internet para poder jugar, pero en muchos casos disminuyen las posibilidades de juego al utilizar el modo sin conexión. Los menores, tanto por motivos de entretenimiento como por la presión social y comercial, suelen tener preferencia por el juego en red.
¿Dónde están los riesgos?
Esta función de conexión no es un riesgo en sí mismo, siempre que se utilice con precaución y se tomen las medidas necesarias para que los menores sean conscientes de los límites y la responsabilidad que requiere. El problema se encuentra en los riesgos derivados de un mal uso de esta funcionalidad.
Uno de los principales es la posibilidad de contactar con desconocidos durante el juego, conversar con ellos, compartir su información personal (nombres de usuario, direcciones, fotos, etc.). En muchos casos, los jugadores no conocen personalmente al usuario con el que están compartiendo información, que puede estar utilizando un perfil falso, mentir acerca de su edad, o tener un objetivo malintencionado al intentar contactar con un menor.
El uso excesivo, que ya es un riesgo básico de la utilización de videojuegos, puede verse incrementado por estas nuevas funcionalidades de conexión, y contribuir al aumento de las alteraciones del comportamiento, como irritabilidad, agresividad o aislamiento. El modo multijugador, la presión de otros jugadores o la sensación de quedarse desactualizado pueden generar la necesidad de invertir más tiempo en esta actividad de ocio.
Por el mismo motivo, se puede generar la necesidad de obtener ciertos objetos virtuales, packs de mejoras o extras para avanzar más rápidamente en un juego, o ampliar sus posibilidades. En estos casos se corre el riesgo de caer en posibles estafas a través de mercados virtuales extraoficiales.

Por último, si la conexión a Internet permite que la videoconsola funcione como un ordenador, también compartirá sus mismos riesgos, como por ejemplo el acceso a contenidos inapropiados. Además, en las consolas portátiles se añaden los riesgos de la privacidad y la seguridad personal derivados de la geolocalización, o de un uso inadecuado en la vía pública.
¿Cómo configurar la consola para que sea más segura?
Comenzaremos informándonos sobre las diferentes opciones de configuración que posee nuestra videoconsola, ya sea con su manual o en las páginas de ayuda de los fabricantes (como por ejemplo las de PlayStation PS4, Nintendo Switch, Nintendo 3DS y Xbox 360). Descubriremos si es posible limitar el tiempo de uso, el acceso a las compras integradas o a contenidos dirigidos a otras edades, por ejemplo mediante los códigos PEGI.
Algunas de ellas, también permiten restringir la comunicación con otros usuarios o la sincronización con redes sociales, un aspecto importante para evitar que compartan demasiada información con desconocidos, así como supervisar la actividad y conocer qué contenidos se han visualizado.
La asignación de diferentes perfiles también nos será de utilidad para adaptar estas funciones a la edad y madurez de cada jugador, si por ejemplo son varios hermanos. Todas estas medidas de control parental nos ayudarán a que el menor tenga un espacio virtual delimitado donde jugar con mayor seguridad.
Sin olvidarnos del acompañamiento familiar y los límites
Otras pautas que podemos llevar a cabo para reducir los riesgos son:
- Ubicar la consola en un espacio compartido en el hogar (como el salón), para que los menores comprendan que un juego en línea es una actividad pública y que cualquiera puede ver.

- En el caso de las consolas portátiles, establecer un área de juego en un espacio igualmente familiar, para poder tener un mayor control del tiempo de juego y evitar prácticas inapropiadas por parte de los menores.
- Acordar unas normas de uso, que establezcan entre otros aspectos, los horarios y límites de tiempo, cuáles serán las contraseñas de acceso y orientaciones para jugar con respeto y responsabilidad. Os recomendamos apoyaros en nuestro pacto para el buen uso de las videoconsolas familiares, ¡está listo para imprimir!
- Supervisar su actividad de juego, conocer qué juegos utilizan y con quién juegan. Dialogando de forma habitual con ellos sobre estos temas conseguiremos que la supervisión se convierta en algo normalizado para ellos, evitando que se asocie a una conducta inadecuada o a un castigo.
- Jugar con ellos, acompañarles mientras juegan y compartir este tiempo de ocio en familia es fundamental. No solo es positivo para prevenir riesgos, también es una buena práctica para disfrutar del entretenimiento digital todos juntos.
Pacto para el buen uso de las videoconsolas familiares
Conectar a Internet una videoconsola amplía sus posibilidades, pero también sus riesgos, de modo que es fundamental la implicación de las familias para disfrutar de estos dispositivos sin problemas. Los videojuegos y la diversión en Internet no están reñidos con la seguridad.
Y en vuestra casa ¿tenéis una videoconsola conectada a Internet?, ¿habéis tenido algún problema relacionado? Podéis compartirlo con toda la comunidad de IS4K en los comentarios, ¡gracias!
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI
¿Qué es la domótica?

La domótica es un sistema donde los distintos aparatos de una vivienda se encuentran conectados a la red para comunicarse entre sí y con el usuario. Este tipo de sistema recopila información, la procesa y emite órdenes que automatizan distintas acciones que el usuario puede programar o comandar.
Se incorporan las nuevas tecnologías y dispositivos al equipamiento de una vivienda de modo que podamos controlar de forma centralizada todas las tareas y aparatos que conforman dicho sistema.
Una vez que la red está conectada, los propios aparatos disponen de sensores para recabar información y comunicarse entre sí a través del propio sistema, es decir, se conforma una red de comunicación. El usuario puede controlarlo todo de forma centralizada y supervisar las actividades que se llevan a cabo en su hogar, aunque también puede controlarlos de forma remota a su gusto y según sus necesidades.
¿Cómo funciona un sistema domótico?
El funcionamiento es más sencillo de lo que parece. Necesitamos un hogar con una conexión a Internet y una red Wifi. Los dispositivos que conforman la red domótica se sirven de la red wifi para enviar y recibir la información que recopilan y compartirla tanto con el usuario como con el resto del sistema.
La interacción habitual entre el usuario y dicho sistema es a través de una aplicación móvil. Los datos se almacenan, y por medio de una dirección IP específica, son transmitidos a la nube o servidor de la compañía a la que pertenece el dispositivo. Un back-end garantiza el tiempo de actividad, la seguridad y la integración. Los dispositivos pueden funcionar sin conexión, y una vez establecida, estos datos son enviados y actualizados en la nube.
A su vez, el dispositivo podrá filtrar y enviar diferentes tipos de datos dependiendo de su función y de la orden comandada. Así, por ejemplo, nuestro GPS del coche puede comunicarse con el termostato de nuestro hogar al detectar que nos acercamos a casa para aumentar la temperatura y encontrarnos nuestro hogar ya calentado nada más cruzar la puerta.

Aplicaciones y ejemplos hay muchísimos y cada día aparecen nuevos aparatos y funcionalidades. Un ejemplo muy conocido son los robots de limpieza inteligentes, cuyos últimos modelos no solo se encargan de las tareas de limpieza de forma autónoma, sino que:
- Son capaces de recoger planos de la casa para optimizar sus desplazamientos. De este modo pueden llevar a cabo sus tareas de una forma sencilla, sin obstáculos y reportando al consumidor un ahorro económico.
- Pueden realizar tareas de videovigilancia. Incluyen sensores de localización visual o cámaras capaces de capturar fotos, emitir imágenes en vivo, así como detectar movimientos. Esta función permite tener una visión remota en tiempo real de nuestra casa a partir de una emisión en vivo.
- Son capaces de responder a comandos de voz. Podemos interactuar con el dispositivo utilizando únicamente nuestra voz.
Todas estas ventajas tienen a su vez una serie de inconvenientes. Al ser un dispositivo que recoge y comparte tal cantidad de datos, es normal preguntarse ¿qué hacen con toda esta información? Es posible que el robot de limpieza detecte determinados muebles, como una cuna, y de pronto comiences a recibir anuncios y promociones de ropa para bebés.
¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de adquirir uno de estos dispositivos?
Lo primero que hay que considerar a la hora de comprar uno de estos dispositivos son las condiciones de privacidad y seguridad.
- Servidor: Es muy importante que comprobemos con el fabricante si, efectivamente, se nos está dando un servicio a través de la nube o a través de un servidor particular al que se envían todos los datos recopilados por el dispositivo.
- Uso de los datos: Otro aspecto fundamental es informarnos sobre qué datos son los que se van a compartir con el servidor, además del uso que se les dará.
- Tipo de servicio: También conviene que preguntemos qué servicios, de los que ofrece el dispositivo, necesitan conexión con el exterior.
- Seguridad: Otro punto a tener en cuenta, es que la conexión desde la nube puede ser un punto de entrada a nuestro hogar y por lo tanto un riesgo. Así, es interesante preguntar si los datos que van a compartirse estarán cifrados e informarnos sobre las medidas empleadas para garantizar su protección.
En general, una buena práctica es conectar estos dispositivos solamente cuando lo necesitemos y, si lo consideramos oportuno, restaurarlos al estado de fábrica cada cierto tiempo y solicitar el borrado de información a la compañía.
En caso de que queramos asegurar aún más nuestros dispositivos IoT y el resto de la red de posibles ataques hay varias opciones interesantes:
- Crear una red separada para estos dispositivos: Actualmente existen routers inteligentes a un precio asequible (40-60€) que permiten la creación de redes virtuales de una forma sencilla. Aislando estos dispositivos en otra red evitaremos la infección o el acceso no autorizado desde ambos lados (si nuestros equipos se infectan no podrán acceder a los dispositivos IoT y a la inversa).
- Configurar todos los dispositivos con una contraseña diferente y lo suficientemente robusta.
- Deshabilitar el protocolo UPnP (Universal Plug and Play) para evitar que los dispositivos se encuentren entre sí de forma sencilla. Así si comprometen uno de ellos serán más difícil encontrar el resto para el atacante.
- Asegúrate de instalar las últimas actualizaciones cuando estén disponibles para todos tus dispositivos, especialmente si contienen parches de seguridad.
Y tú, ¿usas dispositivos IoT en tu casa o en el trabajo?, ¿el uso de estos dispositivos te ha facilitado la vida? ¿Recomiendas su uso? Comparte tu experiencia con el resto de usuarios y ayúdanos a mejorar.
Nota de DavidHellin: La noticia es original de OSI
Los DLP son un tipo de herramienta que previene las fugas de información cuyo origen es interno.
«El conocimiento es poder». Esta frase es atribuida al famoso filósofo inglés Francis Bacon. A pesar de pronunciarse en torno al S.XVI, parece que es ahora, en la era de la informática y la información, cuando más sentido cobra. Las empresas, por norma general, guardan su información confidencial con mucho cuidado, ya que de esta suele depender la continuidad del negocio y de la compañía. Para proteger un recurso tan valioso, se suelen utilizar múltiples herramientas que tratarán de evitar que personas ajenas a la organización, o aquellas que no tengan permiso puedan acceder a ella. No obstante, en muchas ocasiones, como popularmente se suele decir, “el enemigo está en casa”.
Los propios empleados de la compañía son en muchas de las ocasiones los responsables de las fugas de información, bien sea de forma intencional, para dañar la imagen de la compañía, para vender la información al mejor postor o bien de manera no intencionada como podría ser por un descuido o un uso inseguro de las tecnologías. Para reducir este riesgo se pueden implementar varias medidas, como por ejemplo, utilizar roles o permisos para que cada usuario únicamente acceda a los recursos que sean necesarios para su desempeño laboral.
Sin embargo, la gran mayoría de controles sobre la información no inspeccionan acciones como por ejemplo, hacer una copia en una memoria USB, subir información a un servicio en la nube o enviarla por cualquier aplicación de mensajería instantánea.
Para evitar las acciones anteriores, así como otras muchas más, existen una serie de soluciones denominadas DLP o “Data Loss Prevention” (Sistema de prevención de pérdida de datos).
¿Cómo protege la información un DLP?
Un DLP es una herramienta que tiene como finalidad prevenir las fugas de información cuyo origen está dentro de la propia organización, de una manera activa y sin perder productividad. Estas herramientas suelen incorporar inteligencia artificial que les permite aprender sobre el tipo de documentos confidenciales que se utilizan y qué acciones llevan a cabo los usuarios sobre los mismos, para volverse cada vez más efectivas en la prevención de fugas de información.
Los DLP monitorizan la red de la organización para evitar las fugas de información antes de que se lleguen a producir. Una vez que detectan una posible fuga, alertan al usuario para que sea consciente de que la acción que está realizando atenta contra la confidencialidad de la empresa o contra una política de seguridad que vela por ella. Estas acciones tienen como objetivo concienciar a los miembros de la organización.
La monitorización de recursos por parte de un DLP no se limita exclusivamente a la red interna de la organización, ya que estas herramientas son capaces de extender su supervisión a dispositivos móviles, tanto Android como iOS. Los DLP son capaces de comprobar a qué correos corporativos se ha accedido. Además, tienen capacidad de comprobar y detener la transmisión de datos confidenciales desde la organización a aplicaciones de almacenamiento en la nube o redes sociales.
Para que la implantación de un DLP en la organización sea lo más sencilla posible, incorporan plantillas preconfiguradas según distintas normas o estándares como el RGPD, LPI, LSSI o PCI-DSS.
Otras funciones destacables de estas herramientas son:
- Las políticas creadas se pueden aplicar de diferente manera como por ejemplo, por segmento de red, puerta de enlace, grupo de usuarios, etc. Cada organización podrá utilizar la que mejor se adapte a sus necesidades.
- La administración de estas herramientas se encuentra centralizada, lo que permite una gestión más sencilla y ágil.
- Inspección de múltiples tipos de ficheros y protocolos independientemente de que la información se transmita cifrada o no.
- Añaden marcas de agua, tanto visibles como invisibles a los ficheros para que en caso de fuga de información se pueda identificar a su responsable.
Los DLP son un tipo de herramientas que pueden prevenir muchas fugas de información en cualquier empresa y por consiguiente, la pérdida de reputación o incluso ser objeto de sanciones administrativas por incumplimiento normativo. No lo dudes más y encuentra el DLP que mejor se adapta a tus necesidades.
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